El Telediario (TVE) de mediodía dedicó los primeros quince minutos a recordar el fallido golpe de Estado del 23F. De todas las obviedades y simplezas que se pudieron escuchar, me quedo con las respuestas del Rey a las preguntas de la prensa durante su visita al Congreso. Por su enorme interés histórico me he tomado la molestia de transcribírselas…
Pregunta: ¿Qué recuerdos le trae el 23F?
Respuesta real: Pues que estamos mucho mejor.
Pregunta: ¿Qué recuerdos tiene de aquella noche?
Respuesta real: Pues que esta noche he dormido muy bien… no aquella.
Pregunta: ¿Satisfecho con la evolución de España?
Respuesta real: Sí, mucho.
Pregunta: ¿Cree que se conoce toda la verdad sobre el 23 F?
Respuesta real: Yo creo que sí, y si no la inventan por ahí, o sea que…
Después de unas respuestas tan brillantes, dignas no sólo de un monarca campechano, sino de un estadista grandioso, me veo obligado a cambiar mi opinión sobre el rey Juan Carlos y su participación en la transición. Debió ser fundamental.
Con sus reflexiones, análisis y decisiones, su majestad pone el listón muy alto. Quizá por eso no sea fácil dedicarse a la política en España. Trinidad Jiménez, flamante ministra de Asuntos Exteriores y Cooperación, se plantó frente a las cámaras de televisión para, con gesto adusto y voz firme, sentenciar: “no vamos a consentir que Gadafi siga matando a su propia gente por más tiempo”. Jiménez no se detuvo a explicar su plan para detener a un genocida que, ajeno a tan vehementes declaraciones, días después continuaba asesinando civiles. Las de Jiménez eran unas declaraciones tan rotundas, brillantes y necesarias como huecas: ella y el resto del Gobierno en realidad están preocupados porque la revolución Libia pueda hacer subir el precio de la gasolina de cara a las próximas elecciones. ¿Sabe usted quién está solucionando los problemas de Libia? El pueblo libio. Así de útil es la política.
Trinidad Jiménez parece menos dotada que su majestad para la política. Alguien incluso podría llegar a pensar que no está capacitada para ser ministra de un gran país europeo. Quizá no seamos un gran país europeo, quizá ella sea ministra porque de alguna manera tenían que compensarla por su fracaso con Tomás Gómez, o quizá todo sea más sencillo: el nivel de Trinidad Jiménez es el nivel de la política española. Tranquilos, se puede caer más bajo…
En una reunión del Congreso sobre las condiciones de contratación de los trabajadores discapacitados, la diputada del Partido Popular Celia Villalobos se refirió a ellos como “los tontitos”. José Bono le recriminó esas palabras, y Villalobos le contestó diciendo que ella “habla de forma coloquial”. “Como se habla en mi tierra”, aseguró esta mujer nacida, por si usted no lo sabía, en Málaga. Poco después, seguramente en un desesperado intento por corregir su primer despropósito, dijo que José Bono “es lo más fascista que he visto en mi vida…”.
Escuchando a los políticos las palabras del rey adquieren una dimensión aún mayor. ¡Cuánta sabiduría recogida en sus prudentes, pero profundas, declaraciones! No es de extrañar que los políticos sean ambiciosos y, como su majestad, quieran llegar a lo más alto. El afiliado de base un buen día se plantea ejercer de delegado en un Congreso Federal. Tras la experiencia, a ese delegado no le importaría ser concejal (y si es de urbanismo, mejor). Animado por el éxito, el concejal decide ponerse a disposición de todos los españoles y ser diputado. Una vez en el Congreso es difícil no sentir la llamada de los ministerios. Tras catar coches oficiales, gañotes, reverencias y demás zarandajas propias del gabinete gubernamental, ¿cómo no soñar con utilizar todos esos conocimientos para levantar España desde Moncloa? No es de extrañar que José Bono piense que el que no quiera suceder a Zapatero, que “se haga fontanero” o “se vaya de monaguillo”.
http://eldescodificador.wordpress.com/2011/02/23/23-f-tontitos-fascistas-y-monaguillos/
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